• Leandro Alves de Godoy

DIM MARK


Extraído del libro “A Legend of Kung Fu Masters”, del Gran Maestro Moy Yat

Traducción inglés-español por Mariano A. Giuliano

Pasé mi niñez en un pueblo pequeño. Sin importar a qué jugaran los demás niños, yo siempre participaba en los juegos. Los conocía todos y los jugaba bien. Hay un juego en particular que hasta el día de hoy recuerdo bien llamado “Lanzar la Lata”. Se llamaba “Lanzar la Lata”, pero en realidad la naturaleza del juego consistía en realizar Dim Mark* desde lejos; incluso desde el otro lado de una montaña. Se jugaba de noche, aunque estuviera o no la luz de la luna. La única restricción era que no estuviese lloviendo. Encontrar a seis o siete niños del pueblo para jugar no era un problema. Una lata vacía se podía encontrar fácilmente en alguna de las esquinas de las casas, y todos los niños conocían bien las reglas. Desde una distancia de diez yardas, se podían observar pequeñas sombras reunidas en círculo al costado de la gran roca bajo un árbol cantando: "piedra, papel o tijera... piedra, papel o tijera" para determinar al perdedor. Luego de un corto período, sólo quedarían dos niños; jugarían a “piedra, papel o tijera” una última vez y el perdedor, quien quedaba solo, era quien sabía Dim Mark.

Para dar inicio al juego, el perdedor quedaba de espaldas al grupo mientras uno de ellos lanzaba la lata hacia alguna parte de modo que el perdedor no la viera. Debía mirar hacia arriba y contar hasta diez, y se confiaba en que no miraría. Luego debía encontrar la lata y regresarla al punto de inicio, que era un círculo dibujado en el suelo. A veces la lata se arrojaba al estanque; a veces a los arbustos; a veces al abono de una vaca en el césped; todo dependía de cuán mala era la persona que la arrojaba. Ocasionalmente, la lata incluso acababa en la alcantarilla.

Luego de encontrar la lata, se la regresaba al círculo y la persona se paraba sobre ésta, lo cual significaba que la puerta del círculo estaba cerrada para los demás jugadores, o "héroes", y que no podían entrar. Si una de las sombras en movimiento era vista, el niño con la lata realizaría Dim Mark señalándolo y llamándolo por su nombre, y entonces estaría muerto. Si, luego de un tiempo, este último no podía encontrar a nadie mientras se encontraba dentro del círculo, se arriesgaba a salir tras ellos, dejando atrás la lata y dejando la "puerta" del círculo abierta. Tan pronto como los atrapaba, el juego estaba terminado y el primero en morir era el que sabía Dim Mark para el siguiente juego. Sin embargo, a veces al quedar el círculo vacío, alguien se escabullía y pateaba la lata, reviviendo de este modo a todos los que estaban muertos y reiniciando el juego. Un juego de "Lanzar la lata” podía durar hasta varias noches.

Durante mi juventud, era un gran amante de las artes marciales. Me paraba en la posición del caballo y ejecutaba las formas durante horas, entrenando muy, muy duro. A veces, leía sobre Dim Mark o lo veía en la pantalla del cine, pero siempre era como una nube de humo frente a mis ojos. En otras palabras, no le prestaba atención y continuaba practicando mi Kung Fu de forma muy intensa. Al llegar a una edad intermedia, comencé a ganarme la vida enseñando kung fu. Por lo tanto, mis acciones y mi comportamiento debían ser consecuentes con los de un Sifu; y por eso no me atrevía a decir tonterías acerca de Dim Mark, por miedo a que los estudiantes pudieran malinterpretarme y copiarme, y al hacer esto arruinar su kung fu.

Los días y las épocas difíciles pasaron rápidamente. Pronto, me comenzaron a llamar “Si Gung” y “Si Tai Gung”. Comencé a estudiar los puntos vitales del cuerpo humano para su uso en la acupuntura y aprendí más de setenta puntos de presión importantes, algunos grandes y otros pequeños. Si ciertos puntos son atacados por un golpe energético concentrado en una superficie pequeña, se puede producir la muerte en forma instantánea. Si la muerte no es inmediata, un daño permanente sería incurable y muy probablemente conduciría a un empeoramiento de la salud y, finalmente, la muerte. No tomen estas palabras a la ligera.

Por otro lado, tampoco tomemos este asunto con tanta seriedad; pero cuando niño, conocía todos estos juegos; cada uno de estos. Luego, durante muchos años, entrené artes marciales arduamente. Ahora estoy más viejo y débil. Bajo ciertas circunstancias, me puedo ver forzado a usar una técnica, y como un hombre mayor, tendría la oportunidad de usar sólo una técnica. Si les digo que no sé cómo hacer Dim Mark, ¿me lo creerían?

*Nota del Traductor: la forma más habitual de romanización de este término es Dim Mak.

DIM MARK

From the book “A Legend of Kung Fu Masters”, by Grandmaster Moy Yat

I spent my childhood in a small country village. No matter what kind of games the kids would play, I was one of the players. I knew all of the games and played them well. There is one game in particular that I remember well until today called “Throw the Can”. It was called “Throw the Can” but actually, the nature of the game was to play Dim Mark from far away, even to the other side of a mountain. It was played at night whether there was moon-light or not. The only restriction was that it was not raining. We had no problem finding six or seven children from the village to play. An empty can could easily be found by the corners of the houses, and all of the children knew the rules well. From ten yards away you could see the little shadows gathered in a circle by the big rock under a tree singing, “grandstone, scissors, cloth… grandstone, scissors, cloth” to determine the loser. After a short while, only two kids would be left; they would play "grandstone, scissors, cloth" one last time and the loser would be the last one left. The last winner would join the rest of the group, and the loser who stood alone was the one who knew Dim Mark.

To begin the game, the loser would stand with his back to the group while one of them threw the can somewhere so he could not see it. He had to look up at the sky and count to ten, and was trusted not to look. Then he had to find the can and bring it back to the starting point, which was a circle drawn on the ground. Sometimes the can was thrown into the pond; sometimes into the bushes; sometimes into the cow manure in the pasture, all depending on how nasty was the person doing the throwing. Occasionally, the can would even end up in the sewer drains.

After finding the can, it was brought back to the circle and stepped on, which meant that the door to the circle was closed to the other players, or “heroes”, and that they could not enter. If one of the moving shadows was spotted, the child with the can would perform Dim Mark by pointing at them and calling them by name, thus they would be dead. If, after a while, he could find no one while standing in the circle, he would venture out after them, leaving the can behind and leaving the “door” to the circle open. As soon as he caught them all, the game was over and the first to have died was the one who knew Dim Mark for the next game. However, sometimes as the circle was left vacant, someone would sneak up and kick the can away, thereby bringing all who had died back to life and returning the game to the beginning. One game of “Throw the Can” might last as long as several nights.

During my youth, I loved the Martial Arts very much. I would stand in my horse and play my forms for hours, training very very hard. Sometimes, I would read about Dim Mark or see it on the movie screen, but I always viewed it as a cloud of smoke passing by my eyes. In other words, I took no notice of it and continued to practice my Kung Fu very intensely. As I stepped into middle age, I began to make my living from teaching kung fu. Therefore, my actions and behaviour had to remain in keeping with a manner appropriate to being a Sifu, so I dared not fool around about Dim Mark at this point for fear that the students might misunderstand and try to copy me, and in so doing, ruin their kung fu.

The days and the hard times passed quickly. Soon, I heard myself being called “Si Kung” and “Si Tai Kung”. I pursued the study of the vital points on the human body for use in acupuncture and learned over seventy important pressure points, some big and some small. If certain points are attacked by an energetic blow focussed upon a small surface, instantaneous death could result. If death is not immediate, the damage sustained would prove incurable and most certainly would lead to declining health and ultimately, death. Don’t take these words as nonsense.

However, let’s not take this matter too seriously. But since I was a child, I knew all the games, every one of them. Then, for many years, I trained and trained in the Martial Arts. Now I am getting old and weak. Under certain circumstances, I may be forced into using a technique, and as an old man, I would have the opportunity for only one technique. If I tell you that I do not know how to Dim Mark, would you believe me?

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